SOMOS UNA GENERACIÓN ENFERMA

Sí, has leído bien, somos una #generación enferma# y estamos generando obsesiones en niños que a la larga van a traer problemas. ¿Acaso un niño pequeño tiene que estar pensando en si está gordo o delgado? Seguramente habréis contestado la mayoría que no, pero, ¿cuántas veces hablas de si algo  o no delante suyo? ¿Cuántas veces hemos demonizado algún alimento o lo hemos usado como premio o castigo? ¿Crees que él tiene las herramientas suficientes para no tener una relación «mala» con la comida?

Nuestra influencia directa en la percepción de la comida

 

Los niños aprenden principalmente por imitación. Cuando ven que sus padres o adultos cercanos están preocupados por “no engordar”, que hablan constantemente de dietas, restricciones o “comidas prohibidas”, interiorizan que la comida es un campo de batalla. Esto genera en ellos ansiedad, culpa y miedo alrededor de la alimentación, en lugar de una relación natural y saludable.

No somos conscientes del impacto que tienen ciertos comentarios.

Frases como “no comas eso que engorda” o “tienes que controlar lo que comes para no subir de peso” pueden parecer inofensivas, pero tienen un impacto profundo en la autoestima y la percepción corporal de los niños. Esta presión puede fomentar conductas restrictivas, episodios de atracones, o incluso el desarrollo de trastornos alimentarios en etapas tempranas.

Para cuidar la relación con la comida y que no desarrollen miedo y culpa , es fundamental que los adultos revisemos nuestra propia relación con la comida y el cuerpo. Algunas claves para lograrlo son:

  • Hablar de comida sin juicios ni etiquetas: Evitar calificar alimentos como “buenos” o “malos” y promover la variedad y el equilibrio.

  • Fomentar la escucha del cuerpo: Enseñar a los niños a reconocer el hambre y la saciedad, respetando sus señales internas.

  • Valorar la diversidad corporal: Reforzar que cada cuerpo es diferente y que la salud no depende exclusivamente del peso.

  • Mostrar un ejemplo positivo: Practicar una alimentación consciente y disfrutar la comida sin culpa ni obsesiones.

Al final, somos nosotros quienes, con nuestras propias inseguridades, obsesiones y miedos, estamos marcando el camino de los más pequeños. Si no cambiamos nuestra manera de ver la comida y el cuerpo, seguiremos arrastrando a las nuevas generaciones a una relación complicada, llena de culpa y prohibiciones. Es hora de romper ese ciclo: dejar de obsesionarnos con el peso, disfrutar de la comida sin miedo y enseñar a los niños a escuchar su cuerpo y a quererse tal y como son. Solo así podremos dejarles un legado de salud real, no de obsesión. Porque, si queremos una generación sana, el cambio empieza por nosotros.

Si necesitas ayuda, no lo dudes, llámame  y te acompaño en este cambio de visión.