
En el programa de ayer de #Cuídate hablamos de un tema que nos toca (literalmente) a todos: la relación emocional con la comida.
¿Comemos por hambre real o por hambre emocional? ¿Por qué buscamos consuelo en la nevera cuando lo que en realidad nos falta no es comida?
Hoy te traemos un resumen de la charla —en formato entrevista ligera— para que no te pierdas nada.
¿Qué significa realmente eso de “lo que intentas tapar con la comida no va de comida”?
Significa que muchas veces comemos no por hambre física, sino por hambre emocional.
La comida se convierte en una forma de tapar emociones que no sabemos cómo gestionar: tristeza, estrés, soledad, frustración o aburrimiento.
Y aunque por un momento nos calma, después llega la culpa o el malestar, porque lo que necesitábamos no era comer, sino atender una necesidad emocional.
¿Cómo podemos saber si estamos comiendo por hambre real o por hambre emocional?
El hambre física aparece poco a poco, puedes comer casi cualquier cosa y te sientes satisfecho después.
El hambre emocional, en cambio, aparece de repente, no puede esperar, suele pedir algo específico —dulce, salado, crujiente—y no se sacia con la comida, y, muchas veces, viene asociado a un sentimiento de culpa.
Hacer una pausa y preguntarte “¿qué estoy necesitando de verdad?”, ¿de dónde viene esta sensación de hambre? puede ayudarte a conectar contigo y no actuar en automático o buscar o usar una herramienta que no nos haga boicotearnos.
En este momento hay una auténtica fiebre por las inyecciones tipo Mounjaro u Ozempic. ¿Qué opinas de esta tendencia?
Es un reflejo de nuestra cultura de la inmediatez y del perfeccionismo corporal. Queremos resultados rápidos, sin mirar lo que hay debajo.
Estas herramientas médicas pueden tener su lugar bajo control profesional, pero el problema es cuando se usan como un atajo emocional: creemos que si cambiamos el cuerpo, se arreglará lo que sentimos.
Y no es así.
Porque aunque pierdas peso, si no sanas la relación con la comida y contigo misma, la ansiedad, la culpa o el vacío seguirán ahí.
Por eso es tan importante acompañar cualquier cambio físico con un trabajo emocional profundo.
¿Qué podemos hacer cuando nos damos cuenta de que estamos comiendo para tapar algo?
Lo primero es no castigarte. No se trata de prohibirte ni de controlarte más, sino de escucharte con curiosidad y ternura.
Pregúntate: ¿qué estoy sintiendo?, ¿qué necesito realmente?
A veces la respuesta es descanso, otras es contención, o simplemente parar.
Y si decides comer, hazlo desde la conciencia y sin culpa: cuando comes con presencia, ya estás sanando.
¿Qué papel juega la relación emocional con la comida en nuestro bienestar general?
Es fundamental. La manera en que comemos refleja cómo nos tratamos.
Si comemos con culpa o con prisa, probablemente vivimos así también otras áreas de nuestra vida.
Sanar la relación con la comida no va de dietas: va de aprender a escucharte, respetarte y darte permiso para disfrutar sin miedo.
¿Cuál sería tu mensaje final para quienes están luchando con su cuerpo, con la comida o con la necesidad de controlarlo todo?
Que recuerden que no va de comida. Va de emociones, de heridas, de necesidades no atendidas.
Que buscar ayuda no es debilidad, es un acto de amor propio.
Y que cada vez que eliges cuidarte con compasión, estás construyendo una relación más sana contigo, y eso vale mucho más que cualquier número en la báscula.
Aquí os dejo el enlace: https://open.spotify.com/episode/2Jr02nL22s2gKS4ojFXpLq?si=6a8ac0793e5e42f1


