
¿Estamos volviendo a la época de los 90 con el culto a la extrema delgadez?
En estos momentos en los que parece que volvemos a la época de los 90 y se hace culto a la extrema delgadez, es crucial reflexionar sobre cómo esta presión estética está transformando nuestra forma de «cuidarnos», muchas veces de manera superficial.
Este verano,en la playa, sólo se hablaba del efecto maravilloso de las inyecciones para adelgazar y me sorprendía al ver a esas mismas personas diciendo que si engordan de nuevo, pues que vuelven a pincharse, como quien se compra unos calcetines nuevos porque los antiguos se han roto. Lo que más llama la atención es que, en la mayoría de los casos, no hay un deseo real de cambiar de hábitos ni de enfrentar las causas profundas del problema.
¿Qué conclusión saco de esto?
Este fenómeno evidencia un vínculo directo con el hambre emocional, que se activa cuando las emociones negativas generadas por la presión del canon de belleza, como la insatisfacción corporal o la baja autoestima, por tristeza, estrés, aburrimiento, nos llevan a buscar soluciones rápidas y externas para sentirse aceptado o calmarse emocionalmente. Pero, ¿qué pasa cuando dejamos esas ayudas externas y volvemos a nuestra «normalidad»? Sin un trabajo de acompañamiento que ayude a romper este círculo, las personas recurren a soluciones rápidas para intentar controlar el peso, sin abordar la raíz: la relación emocional con su cuerpo, la comida y la propia imagen.
Con la llegada de septiembre, esa presión aumenta; todos corremos contra el tiempo, con ganas de resultados inmediatos, marcándonos metas restrictivas y rígidas como “cerrar el pico” o hacer un “plan detox”. Estas conductas no son más que intentos por controlar la ansiedad e inseguridad generadas por la insatisfacción corporal impulsada por el canon estético. Sin embargo, este afrontamiento reactivo solo alimenta el hambre emocional, perpetuando el ciclo de ansiedad, culpa y frustración que llevamos arrastrando desde los 90.
Por eso, hacer hincapié en la importancia del cambio consciente, el acompañamiento emocional y la búsqueda de soluciones profundas es fundamental para liberarnos de esta rueda y comenzar a “cuidarnos” de verdad, mucho más allá de la delgadez o las métricas externas. El autocuidado verdadero nace de entender y sanar la relación emocional que tenemos con nuestro cuerpo y la comida, no de buscar atajos efímeros que solo disimulan la raíz del problema.


