Cuando era pequeña soñaba con ser profesora, parecerme a “Madame
Dolores”, una de las profesoras más divertidas que he tenido nunca y a la que
me pasé toda mi infancia imitando con mis muñecos. A medida que me iba haciendo
mayor, esa idea de ser profesora iba quedando en el olvido dando paso a querer
ser veterinaria porque me intrigaba operar el estómago de una vaca. Pero lo que
me llevó hasta este punto en el que me encuentro hoy fueron mis múltiples
fracturas y lesiones de huesos. Me
pasaba más tiempo en la
Fraternidad y con escayolas que sin ellas, con deciros que he
hecho mas exámenes teóricos de gimnasia que prácticos ya os hacéis una idea. Había,
más bien creía, que ya sabía cuál era mi vocación: ¡quería estudiar
fisioterapia! Lo tenía claro, poder ayudar a personas con lesiones, ver como
podían ir mejorando. Ya tenía toda mi idea en la cabeza pero aún me faltaba el
paso más grande, superar COU de ciencias cuando yo era carne de cañón de “letras”.
Tras un año horrible de nervios, primeros “cates” y mi madre diciéndome que me
cambiara a letras, saque COU en junio y selectividad pero mi media no fue tan
alta como pedían y en ICADE no me cogieron y en el CEU lo pedí muy tarde. Me
ofrecieron hacer un año de Nutrición Humana y dietética y cambiarme.
Al principio no me convencía mucho. Me preguntaba ¿como
estoy estudiando esto cuando toda la vida me ha tocado ir a médicos para
adelgazar? Pero después me enganchó, me
gusto y acabé haciendo también Ciencia y tecnología de los alimentos, como decía
mi abuelo, para dedicarme a los “piensos compuestos” de los animales.
Poco antes de examinarme del último examen de la carrera fui
a la famosa “dieta del bocadillo” y me ofrecieron quedarme a trabajar con ellas
e incorporarme en cuanto hubiese aprobado. Y así fue, aprobé y empecé a
trabajar. Me fui dando cuenta que lo que antes me asustaba, el haber estado yo
en la silla del paciente tantas veces, era la clave para conectar con todas y
cada una de las personas que se sentaban en frente a que yo les pusiera a
dieta. Me encontraba de todo, gente con la que conectaba a las mil maravillas
como es la primera chica a la que atendí y que resulto ser alguien conocido lo
cuál hizo que todo fuera mas fácil. Y gente con la que costaba más, pero al
final conectábamos.
Estuve 6 años allí, los 3 primeros fueron los mejores, pero
los 3 últimos no. Yo notaba que quería más, no quería conformarme donde estaba,
quería poder desarrollar por mi misma todos los conocimientos, teóricos como
por experiencia personal, y ahí no podía, trabajaba a la sombra de otra persona
a la cuál agradezco enormemente la oportunidad que me dio.
Durante esos 3 años, todos los lunes, mi amiga Manuela me decía:
“Leti, tu puedes”, mi prima y amiga María me animaba para que no me conformara,
sino estaba contenta, pues que buscara la forma de estarlo abriendo horizontes,
Fátima siendo mi paño de lágrimas en plenos nervios y animándome a que diera el
paso. Mi hermana no paraba de animarme, de buscar ideas y mi padre, que decir,
casi montamos un “Naturhouse” con tal de no oírme quejarme todo el santo día. Hasta
que la idea de montarme algo por mi cuenta tomó mas fuerza en mi cabeza. Primero
lo iba a hacer acompañada pero después decidí iniciar la aventura yo sola. Y
gracias a muchos amigos, familia, pacientes satisfechos e innumerables personas
que os habéis cruzado por mi camino el 29 de agosto de 2010 abrió sus puertas
la “Consulta de Nutrición Leticia Garnica” con un cuadro espectacular que me
regalaron mi hermano y mi cuñada Cayetana para recibir a cada persona que llegase.
Recuerdo que ese día estaba como un auténtico flan, solo lloraba y no sabía
porque, incluso cuando Emma y Pedro vinieron a brindar para celebrarlo.
Y aquí estoy, después de 1 año y 7 meses, sentada en la mesa
de mi despacho, despacho que escucha todas nuestras historias porque, no sé
realmente quién ayuda a quién, si yo a las personas que vienen, o las personas
que vienen a mí.
Con esto solo quiero daros a todos las gracias, gracias por
confiar en mí, gracias por hacer que mi trabajo realmente me encanté y gracias
a todos los que me apoyasteis e incluso empujasteis a que diera el salto porque
sin vosotros esto no sería posible.
“Uno no sabe de lo
que es capaz hasta que lo intenta”


